
El síndrome del impostor es algo que, en mayor o menor medida, todos hemos experimentado. Es esa sensación de que no estás a la altura, de que todo lo que has conseguido es cuestión de suerte y que, en cualquier momento, alguien va a descubrir que no sabes lo que haces. Pero, ¿y si te dijera que no es algo tan malo?
Sí, lo sé, suena contradictorio. Pero la clave está en cómo manejas esa sensación. En lugar de dejar que te paralice, puedes utilizar el síndrome del impostor como un catalizador para tu crecimiento. El truco está en enfocarte en el aprendizaje continuo y en no compararte con los demás.
Utiliza el síndrome del impostor como motivación
En lugar de ver el síndrome del impostor como una barrera, lo puedes ver como un impulso para seguir mejorando. A veces, esa duda es lo que te empuja a querer aprender más, a ser más disciplinado y a esforzarte un poco más. Pero cuidado, porque también puede volverse en tu contra si no lo gestionas bien.
Lo importante es que reconozcas esa voz interna que te dice que no eres suficiente, pero que no la dejes tomar el control. Cuando sientas que te invade el síndrome del impostor, usa esa energía para motivarte, no para castigarte. Acepta que no sabes todo, pero que eso no te hace menos válido. Al contrario, te hace humano.
Aprende sin compararte
Uno de los mayores problemas del síndrome del impostor es que tendemos a compararnos con los demás. Vemos a alguien que parece tener todo bajo control y pensamos: “Nunca llegaré a ser como esa persona”. La realidad es que todos estamos en nuestro propio camino. Y sí, algunos están más avanzados que otros en ciertas áreas, pero eso no significa que no estés progresando.
La mejor manera de combatir esa sensación es enfocarte en tu propio aprendizaje. Dedica tiempo cada día a mejorar en lo que sea que estés haciendo, sin presionarte. Leer, practicar, escribir o probar nuevas herramientas, lo que sea que te ayude a seguir adelante. Lo importante es mantener ese hábito sin pensar en los demás.
Yo, por ejemplo, cuando siento que el síndrome del impostor está tomando fuerza, me detengo y me concentro en aprender algo nuevo, pero lo hago a mi ritmo, sin compararme. Aprender a diario no es una carrera contra nadie más que tú mismo.
La práctica diaria es tu mejor aliada
Hacer algo todos los días, por más pequeño que sea, es una forma efectiva de combatir el síndrome del impostor. No necesitas dedicar horas y horas; a veces, un pequeño avance diario es más que suficiente. Como siempre digo: 1 es más que 0.
La práctica diaria, ya sea leyendo, escribiendo, o simplemente reflexionando sobre lo que has aprendido, te da la confianza de que estás avanzando. No te compares con los expertos, no te frustres por no saberlo todo ya mismo. Estás construyendo tu propio camino y eso es lo importante.
Conclusión
El síndrome del impostor es una experiencia común, pero no tiene que ser una experiencia negativa. Si aprendes a usarlo en tu favor, puede ser una herramienta poderosa para mantenerte motivado y con hambre de aprendizaje. No se trata de eliminarlo, sino de entenderlo y manejarlo a tu favor.
Recuerda que lo importante es seguir avanzando, aprender cada día un poco más y, sobre todo, disfrutar del proceso. Prioriza tu propio crecimiento y no te compares con los demás. Esa es la clave para convertir el síndrome del impostor en un motor de motivación y no en un obstáculo.
Referencias
1. Clance, P. R., & Imes, S. A. (1978). The Impostor Phenomenon in High Achieving Women: Dynamics and Therapeutic Intervention. Psychotherapy: Theory, Research & Practice. 2. Young, V. (2011). The Secret Thoughts of Successful Women: Why Capable People Suffer from the Impostor Syndrome and How to Thrive in Spite of It. Crown Business. 3. Brown, B. (2015). Rising Strong: How the Ability to Reset Transforms the Way We Live, Love, Parent, and Lead. Spiegel & Grau.